Los Moyano lanzaron la quinta huelga contra Macri y se espera una definición de la CGT

El Fresimona, el 21F, las dos CTA y una parva de gremios cegetistas alejados de la conducción de Héctor Daer y Carlos Acuña se movilizarán otra vez el martes 30 de abril. Transportes sostienen su propia medida el Primero de Mayo.

Los Moyano redoblaron la presión sobre la CGT para que se acople al quinto paro general contra la administración de Mauricio Macri. La medida será con movilización, acto y discursos.

Como anticipó este medio, la fecha elegida por padre e hijo camioneros, el Fresimona, la Multisectorial 21F, los sindicatos industriales y las dos CTA fue el martes 30 de abril, víspera del Día del Trabajador. Para el feriado se prevé -por ahora- un paro total de los 20 gremios del transporte enrolados en la CATT contra el pago de Ganancias y en defensa de los regímenes especiales. Se dice “por ahora” porque una opción sería mover la huelga de Juan Carlos Schmid al día hábil elegido por los Moyano. En la CATT lo niegan. En el moyanismo esperan señales.

Lo cierto es que ahora las miradas recaerán sobre los integrantes del Consejo Directivo de la CGT, un cuerpo vaciado por los gremialistas opositores al gobierno de Cambiemos. Ya no participan de las reuniones en Azopardo camioneros, mecánicos, bancarios, aeronavegantes, metalúrgicos, guincheros, marítimos, señaleros, gráficos, judiciales, peajes, trabajadores viales, entre otros.

Desde el regreso de la democracia en 1983 al 2018 se efectuaron 41 paros nacionales, de los cuales 25 se concentraron en tres presidentes no peronistas. Hasta hoy Macri padeció uno cada 304 días, una marca envidiable en comparación a Fernando de la Rúa: uno cada 92. Si la CGT se suma a la nueva protesta general, el actual mandatario empatará en el ranking a Cristina de Kirchner, aunque con una diferencia: la exjefa de estado sufrió cinco parates en ocho años, el doble de tiempo que el líder del PRO.

La central obrera es cogobernada por Héctor Daer y Carlos Acuña, aunque por el horizonte asoman Andrés Rodríguez, Armando Cavalieri y Gerardo Martínez. José Luis Lingeri se ocupa de destrabar los fondos para las obras sociales sindicales. Entre los seis hacen malabares para equilibrar los deseos propios, las ambiciones de las “bases” de sus gremios y las apetencias de los Moyano, que una vez más les marcaron la cancha.

La sorpresiva ausencia de Daer a la comisión parlamentaria que debía analizar la ley de blanqueo laboral fue celebrada en el Fresimona. El faltazo desencajó al ministro Dante Sica, histórico articulador de la UOM, y cargó de esperanzas a los impulsores de la quinta huelga. La presencia del exdiputado en el Congreso hubiese detonado al movimiento obrero organizado. La ausencia provocó una ruptura definitiva con el oficialismo, en la previa a la campaña electoral. En la Casa Rosada no perdonarán el “plantazo” la misma semana en que destrabaron los miles de millones adeudados.

Esta semana no habrá reunión de Consejo Directivo, pero se mantendrán las habituales charlas informales de G-6 cegetista. El Primero de Mayo se paralizan los transportes. Colectiveros y ferroviarios, incluidos. Los Moyano no entienden el sentido de hacer una medida de fuerza un feriado. Schmid se justifica en los mártires de Chicago y en que Ganancias es un “impuesto al trabajo”.

A la huelga del 30 de abril por ahora no se pliegan Omar Maturano ni Roberto Fernández, pero el subte y los ramales Sarmiento y el Mitre se verían alcanzados, por la adhesión de los metrodelegados, el “Pollo” Sobrero, señaleros y el personal jerárquico de los ferrocarriles.

Las regionales cegetistas que Pablo Moyano aglutinó mientras le duró el cargo de secretario gremial de la central y el despliegue territorial del 21F prometen pocas moscas volando en el Interior del país.

En el Fresimona creen que llegó la hora de demostrar que la contundencia de un paro general no la garantiza la falta de transporte. Por la dudas, para el último martes del mes acordaron con piqueteros, la izquierda sindical y los movimientos sociales una docena piquetes en los accesos a Capital. Ese día entrar a la Ciudad a trabajar será una misión imposible, lo mismo que lograr que la CGT adhiera.

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