El Aborto, ¿es un Derecho?

Un día escuché que, empezó a exigirse vehementemente el derecho a la libertad de determinar sobre el propio cuerpo, fundado en un verdadero derecho, La Vida, y dije, genial. Genial porque la Vida es el primero de todos los derechos, e incluso diría es el presupuesto del derecho, porque quien podría decir, “tengo derecho a”, ¿si ni siquiera existe? Pero inmediatamente y curiosamente, quienes exigían ese derecho a poder hacer con su cuerpo lo que les plazca, fundado en la propia Vida, lo hacían en perjuicio de la Vida del prójimo y pensé, ¿Puede acaso pedirse por un derecho que tiene en su génesis la privación del mismo derecho que reclamo, pero a otro? Urgentemente se me vino a la mente que, si lo que reclamo como derecho perjudica a otro, entonces esto no puede ser un derecho.

Vivimos inmersos en el mundo de la velocidad, corriendo de un lado para el otro, sin detenernos un minuto. No hay tiempo para pensar, hay que actuar, actuar y actuar. No hay tiempo para reflexionar para que actuamos, eso hoy no importa, se trata solamente se subsistir.

El hombre moderno se convierte, poco a poco, en una pura actividad, termina por perder la conciencia de sí mismo. No tiene tiempo para conocerse, siquiera él mismo. Sumergido en un activismo desenfrenado, se identifica con su propia acción, pierde conciencia de su ser, del sentido de su existencia.

Muchos se preguntarán que puede tener que ver esto último con el Aborto. Pues todo, ¿cómo puede aquel que no se conoce pensar en lo que es bueno para él? Ese activismo desenfrenado hace muchas veces, perder el sentido incluso de aquello tan preciado como la Vida misma.

Si abrimos un libro jurídico moderno, casi siempre encontraremos que, para él, “Derecho” significa principalmente dos cosas: 1) Un conjunto de normas que regulan coactivamente las acciones humanas en la sociedad; 2) Cada una de las facultades de hacer o de no hacer que tales normas conceden o reconocen a los hombres en la sociedad. A lo primero llaman derecho objetivo; a lo segundo, derecho subjetivo. Pero ¿cuál es el verdadero sentido de ésta palabra? ¿Cuál es su etimología y su acepción? ¿Qué es aquello que engloba o que es lo que realmente estamos queriendo decir con la muy usada expresión, “Es mi derecho”? En forma de síntesis, el DERECHO, es EL DEBER SER, o LO JUSTO o bien LA COSA JUSTA, en donde la palabra cosa (res) no significa solo los cuerpos físicos, sino también y ante todo las acciones, daciones y omisiones humanas que relacionan entre sí a los hombres.

Aquello que es más justo es más perfecto, y aquello que es más perfecto, es más bueno. Y todo aquellos que se aleje de este punto de inflexión de la bondad, será menos perfecto y también menos justo.

Para que el aborto sea un derecho, este debe llevar en su esencia la cualidad de justo, y este no tiene aquella entidad, por el simple hecho de que el aborto es la interrupción o cese definitivo de cualquier proceso o actividad, en el caso del embarazo, es el cese definitivo del desarrollo de una Vida. ¿Cómo puede configurarse “lo justo” en una conducta que decide sobre aquel que no lo hace por sí mismo? ¿Cómo puede configurase lo justo en una conducta que pone fin arbitrariamente a una vida que se gestó en un acto precedente y voluntario? Ahora bien, lo justo sería, poder determinar nuestro propio destino, decidir por nosotros mismos, y no por el otro. Quien aborta deja de decidir por sí mismo, sino que decide por dos, pero curiosamente uno de los dos, no tiene voz. En cambio, antes de la gestación, hay posibilidad de elegir y decidir por uno mismo. Es ahí cuando debiéramos de defendernos y protegernos. Todo esto es en cuanto al aborto en sí mismo, pero en los casos específicos como el aborto eugenésico o terapéutico,

no tengo ninguna duda de que debe ser contemplado con un criterio excepcional, que nos lleve a una regulación excepcional, que de hecho existe actualmente en nuestra legislación penal. Pero de ninguna manera el aborto puede ser considerado un derecho, por el contrario, el aborto, termina con un derecho, LA VIDA. Pero a este postulado se le contrapone el derecho a la vida de la mujer encinta que, en nombre de su derecho a la determinación de su propio cuerpo, olvida que sí pudo elegir cuando no llevaba en su cuerpo una nueva vida. En esta línea de pensamiento ciertas personas olvidan que son portadoras de vida, don más preciado que da al hombre la posibilidad a la trascendencia.

Dicho esto, y partido de raíz, podemos reflexionar acerca de otras cuestiones como, la demostración científica de que hay Vida Humana desde el mismo momento de la concepción. Si hay Vida desde este momento y se pretende su legalización, quienes lo reclaman, debieran de tener el coraje de llamarlo por lo que es, y no pretender teñir al aborto como una cuestión de Salud Pública o como el reclamo de un derecho a determinar sobre el propio cuerpo, cuando lo que se pretende, en definitiva, es no ser penado por terminar con una Vida.

Pero si rasguñamos un poquito más, veremos que la realidad habla por sí sola, un tercio de la población actualmente en nuestro país está por debajo de la línea de pobreza y el 50 % de los chicos son pobres porque son hijos de pobres, eso quiere decir que, si el 70% de la población tiene el mismo número de hijos que el otro 30%, la taza de embarazo en los sectores de menores recursos es mayor al otro 70%. Por lo tanto, es evidente que estamos ante un problema de educación, y no de Salud Pública. Jamás podría considerarse un problema de salud pública cuando en dicha práctica entran dos personas vivas a un sanatorio y uno sale en una bolsa de residuos, como residuos patológicos. Es decir, debemos tener una política, no como dicen los organismos internacionales “eviten que los pobres se reproduzcan” sino una política que diga, “no queremos que haya más pobres”. Queremos una argentina con inclusión con trabajo con educación y salud para todos.

Además, quienes estudiaron medicina sabrán la íntima relación que existe entre el aborto y el Cáncer de mamas, entonces no se puede hablar de salud pública.

Curiosamente el aborto está disminuyendo en el mundo, está en retroceso, en EE. UU el presidente Donald Trump envió recientemente al parlamento norteamericano un proyecto para retirar el financiamiento internacional del aborto. En China, donde el aborto es estatal seguro legal y gratuito, ahora se permite un segundo hijo. En Francia se lanza un proyecto denominado “Francia busca su tercer hijo” por su problema demográfico, en Irlanda se está legislando para prohibir todo tipo de aborto. Esto quiere decir que el aborto está en retroceso en el mundo, por lo que debiéramos preguntarnos ¿A dónde van a ir las cadenas de clínicas abortistas? Si, a América Latina, a ellos no les importan las mujeres pobres o la pobreza, lo que les interesa es el negocio.

Y para “agregar”, teniendo en cuenta nuestra Norma Fundamental, la protección de la vida, que es el bien más preciado de la humanidad, ciertamente constituye el primer deber de un gobierno democrático y encuentra tutela, no solo en el código penal, sino también en los tratados internacionales de Derechos Humanos a los que ha adherido Argentina y que gozan de jerarquía constitucional. Lo cierto es que son muy claros en cuanto a considerar que todas las personas, desde la concepción y cualquiera que sea su estado de desarrollo, tienen derecho a la vida.

Así, la Convención Americana sobre los Derechos Humanos, conocido como el Pacto de San José de Costa Rica, dispone, en su artículo 4º: “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida y, en general, a partir del momento de su concepción”. La ley 23849, al ratificar la Convención

sobre los Derechos del Niño, en su artículo 2º formuló una declaración interpretativa: “Se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción”, habiendo establecido en el artículo 6º: “Todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida”.

Pero también el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone: “El derecho a la vida es inherente a la persona humana”, y este se encuentra protegido por la ley. A su vez, el artículo 3º de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, siendo similar lo normado en el artículo 1º de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

El régimen jurídico argentino no permite el aborto y, si alguien no lo admitiera, debería denunciar los tratados internacionales y propiciar una reforma constitucional.

Pero lo más importantes, es que ninguno de estos tratados surgió de la nada, sino a partir de la experiencia histórica, que demuestra las aberraciones cometidas sobre miles de hombres y mujeres inocentes.

No podemos buscar resolver problemas con soluciones injustas, porque si así fuese, diríamos que como Argentina tiene déficit fiscal, si alguien propone matar 3 millones de jubilados, es probable que resolvamos el déficit, pero la solución es injusta, y una solución que se plantea una sociedad matando a un ser indefenso, no es una solución justa. Por eso en este sentido no es bueno referirnos al nasciturus como “no deseado”, porque nos reviven los tiempos del Nacionalsocialismo en el que, el no deseado, puede eliminarse.

Debemos tener entonces, una política con la que vivan bien todos los integrantes de la sociedad.

Finalmente, para tener en cuenta, el 85% de la población Argentina está en contra de la liberalización del aborto, por lo que un verdadero sistema representativo y democrático debiera reflejar la voluntad de sus ciudadanos.

Constantino Matías Manuel Camacho

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